NUTRICIÓN

Por primera vez, la mayoría de las personas podrán aspirar a vivir más de 60 años a nivel mundial.  Por lo que la OMS, ha definido al “envejecimiento saludable” en un sentido amplio, como aquel basado en el curso de la vida y la perspectiva funcional.

La fragilidad que acompaña al envejecimiento implica el fallo de múltiples sistemas fisiológicos y una activación persistente de la respuesta inmunitaria inflamatoria innata.  La fragilidad puede incluir el desarrollo de inflamación crónica de bajo grado (envejecimiento inflamatorio), pérdida de la función cognitiva, sarcopenia y el desarrollo de enfermedades crónicas como diabetes y aterosclerosis. Recientemente, ha surgido un nuevo campo interdisciplinario que une el estudio del microbioma intestinal y la biología ósea, conocido como ‘osteomicrobiología’.

Como se sabe, la microbiota intestinal evoluciona desde el nacimiento, hasta la vejez. Después de los 60, la diversidad de la microbiota intestinal empieza a decaer y a variar considerablemente entre individuos. Se caracterizará por una diversidad menor y la pérdida de genes importantes (especialmente aquellos implicados en la producción de ácidos grasos de cadena corta). Este debilitamiento general de la diversidad, es concomitante con una mayor fragilidad de los individuos. A esto se le suma: la cantidad de antibióticos consumidos a lo largo de la vida, analgésicos y medicamentos para la diabetes, inhibidores de la bomba de protones, corticoides, así como también la alimentación de tipo occidental, pobre en fibra y rica en grasa saturadas y azúcares.  Se pudo demostrar que personas con osteoporosis tienen mayor cantidad de firmicutes. En otros estudios donde se comparó personas sanas con personas con osteopenia, demostró que la gravedad en la pérdida ósea se correlacionaba con la diversidad de la microbiota.

Un estudio publicado en 2021, de 3 cohortes que comprendían 9000 individuos, observó que el patrón de microbioma identificado con envejecimiento saludable, se caracterizaba por un agotamiento de los géneros centrales que se encuentran en la mayoría de los seres humanos, principalmente Bacteroides. Los individuos sanos mayores de 80 años, muestran una deriva microbiana continua hacia un estado de composición único, mientras que esta deriva, está ausente en individuos menos sanos, lo que predice una disminución de la supervivencia en un seguimiento a 4 años.

La salud ósea se ve afectada cuando se rompe la homeostasis debido a la sobre activación de los osteoclastos, y es el intestino el que puede tener efectos indirectos en el mantenimiento de dicho equilibrio. 

Las células epiteliales del intestino forman una barrera física, que separa el entorno exterior del interior de los órganos.  Estas células están conectadas a través de uniones intercelulares, las cuales trabajan juntas para ayudar al transporte selectivo de iones a través de la capa epitelial.  Estas células presentan receptores de tipo Toll (TLR) en su membrana celular, que permiten el reconocimiento de PAMP (patrones moleculares asociados a patógenos).A su vez las células calciformes, secretan mucina, para mantener la capa de moco protectora, actuando como barrera bioquímica que evita que los antígenos y patógenos interactúen directamente con el epitelio.  Debajo del epitelio, hay una gran cantidad de células inmunes que actúan como 3° línea de defensa.  Durante un estado de enfermedad inflamatoria, aumenta la permeabilidad intestinal pasando a la circulación partículas que agravan la situación alterando la respuesta inmunitaria.

Estudios han clasificado tres posibles modos de acción para ver cómo influye el microbioma en órganos distantes:

1) Regulación de la absorción de nutrientes (calcio, vitamina D, entre otras)

2) Regulación del sistema inmune en el endotelio intestinal y

3) Translocación a la circulación sistémica de los microorganismos y de los PAMPs (patrones moleculares asociados a patógenos) a través de la barrera endotelial.

 

Otro mecanismo posible es el que está mediado por la producción de serotonina a nivel intestinal, la cual actúa como regulador de la masa ósea.

 

¿Cómo ayudar a mejorar la microbiota y por ende mejorar la salud ósea?

 

El estudio NU-AGE (Nuevas estrategias dietéticas que abordan las necesidades específicas de la población anciana para un envejecimiento saludable en Europa) publicado en la revista Gut de BJN en 2020, demostró cómo el patrón alimentario de tipo mediterráneo puede llegar a ser una estrategia terapéutica importante para abordar la fragilidad. Para ello, se realizó un ECA, a simple ciego, multicéntrico de 1 año. El proyecto de intervención dietética NU-AGE, es una cohorte de más de 1200 personas mayores de 65 a 79 años, distribuidas en 5 países: Polonia, Holanda, Reino Unido, Francia e Italia.

De estos 1200, se decidió perfilar la microbiota intestinal de un subconjunto de 612 sujetos no frágiles o pre frágiles, antes y después de la administración de la dieta mediterránea por 12 meses, adaptada a sujetos de edad avanzada. El ADN microbiano se extrajo de muestras de heces utilizando el método de batido repetido de perlas.  Observaron una variedad de resultados beneficiosos que se correlacionaron con las alteraciones del microbioma, con una reducción en la abundancia de proteobacterias acompañada de un aumento de los niveles de producción de ácidos grasos de cadena corta. Además, demostraron que una mayor adherencia a la dieta mediterránea, reduce la tasa de pérdida ósea en personas con osteoporosis, lo que condujo a una mayor abundancia de taxones específicos que se asociaron positivamente con varios marcadores de menor fragilidad y función cognitiva mejorada, y se asociaron negativamente con marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y la interleucina-17. Estas asociaciones fueron independientes de factores del huésped como la edad y IMC. El perfil de metabolitos microbianos inferidos, indicó que el cambio del microbioma modulado por la dieta, se asoció con un aumento en la producción de ácidos grasos de cadena corta y una menor producción de ácidos biliares secundarios, p-cresoles, etanol y dióxido de carbono. Si bien había algunas diferencias en la composición del microbioma intestinal, la respuesta a la dieta mediterránea después de 12 meses era similar y consistente, independientemente de la nacionalidad.

A la luz de estos recientes descubrimientos, mantener, mediante un estilo de vida saludable la diversidad de la microbiota intestinal, podría considerarse un indicador de envejecimiento saludable.

Lic Alejandra Volpatti                             Lic Perla Manera

Bibliografia

-World Economic and Social Survey 2007: development in an ageing world. New York: United Nations Department of Social and Economic Affairs; 2007 (Report No. E/2007/50/Rev.1 ST/ESA/314; http://www.un.org/en/development/desa/policy/ wess/wess_archive/2007wess.pdf.

-Wilmanski, T., Diener, C., Rappaport, N. et al. El patrón del microbioma intestinal refleja un envejecimiento saludable y predice la supervivencia en humanos. Nat Metab 3, 274-286 (2021). 

Ghosh TS, Rampelli S , Jeffery IB y otrosLa intervención de la dieta mediterránea altera el microbioma intestinal en las personas mayores reduciendo la fragilidad y mejorando el estado de salud: la intervención dietética de 1 año NU-AGE en cinco países europeos

Países Gut 2020; 69: 1218-1228.

 

Olivia D. Cooney, Prabhakar R. Nagareddy  , Andrew J. Murphy and Man K. S. Lee. Healthy Gut, Healthy Bones: Targeting the Gut Microbiome to Promote Bone Health. Endocrinol frontal (Lausana). 2020; 11: 620466.

Gómez A. [Microbioma, salud y enfermedad: probióticos, prebióticos y simbióticos]. Biomedica. 2019 Dec 1;39(4):617-621. Spanish. PMID: 31860173; PMCID: PMC7363347.

https://www.gutmicrobiotaforhealth.com/es/

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