Compartir la mesa: mucho más que una costumbre

 

La hora de la comida es una de las situaciones de intercambio social por excelencia. Es el momento en el que aprovechamos para conversar, ver a nuestros seres queridos y compartir los detalles de nuestro día. 

Desde las diferentes culturas y religiones y desde tiempos ancestrales, se promueve el compartir los alimentos con los otros como parte del ser social. Tal es así que, las Guías Alimentarias para la población argentina sugieren “aprovechar el momento de la comida para el encuentro y diálogo con los otros.”(1)  Pero ¿por qué es tan importante compartir la mesa?


Bienestar y compañía

Diversos estudios sugieren que el acto de comer acompañado puede mejorar la autoestima, desarrollar el pensamiento crítico-creativo, movilizar la capacidad de participar y construir  una sana identidad (4). Es una oportunidad para realizar intercambios de ideas, dar y recibir afecto y encontrar nuevas maneras de comunicarse. (5) (1)

Según un trabajo publicado en Pediatrics  sobre 182.836 niños y adolescentes (mayo de 2011), comer al menos tres veces por semana en familia reduce significativamente la probabilidad de sobrepeso, desórdenes alimentarios y mejora la elección de alimentos saludables. (6)


Dime quién eres y te diré qué (y con quién) comes

Hay tantos modos de compartir una comida como hogares en el mundo. Sin embargo, muchas veces este ritual está muy relacionado con el sector socioeconómico al que pertenecemos. (5)

Preparaciones como sopas o guisos, que permiten sumar muchos comensales además de los miembros de la familia, resultan económicas, especialmente para los hogares de bajos recursos, que suelen recurrir a ellas diariamente. (5) Además al tratarse de cocciones lentas, permiten desarrollar otras actividades en la casa mientras se prepara la comida.

En los hogares de los sectores medios en cambio, el momento de la comida es sinónimo de reunión familiar, aunque muchas veces el televisor ocupe un lugar central. ¿Qué se comparte? Normalmente preparaciones al horno a la plancha.

En el grupo de altos ingresos, en cambio, no se comparten los alimentos. Es muy usual que cada comensal consuma una comida acorde a sus gustos y necesidades, y es entonces que lo esencial no son los alimentos sino la situación de reunión, sea en casa o en un restaurant.

 

Queda así demostrado, desde los puntos de vista antropológico, psicológico, económico, sociológico, nutricional y biológico, que por el mero hecho de ser un acto cotidiano, no deja de tener una trascendental influencia en cada uno de nosotros.

Lo cierto es que, no importa con quiénes ni de qué manera, compartir un momento en compañía de otros, conversar y formar parte de un intercambio social alrededor de los alimentos es parte inherente del ser humano.

 

Contenido: Grupo Volman  asesores en nutrición


Referencias Bibliográficas

(1) AAYND. “Guías alimentarias para la Población Argentina” Segunda edición. 2006

(2) Kliksberg, B.  “Escándalos Éticos”. Comer en familia. Editorial: Temas

(3) AADYND. “Manual de multiplicadores” 2001

(4) Pinotti, L. “Antropología alimentaria en la evolución humana” Primera edición 2007 pág 137-142. Editorial: CISPAN

(5) Aguirre, P. “Estrategias de consumo: qué comen los argentinos que comen”. 2° edición 2006  pág 160-190. Editorial: M y D.

(6) Amber J . Hammons PhD; Barbara H. Fiese, PhD Is frecuency of shared Family Meals related to the nutricional Health of Children and adolescents?.Pediatrics doi:10.1542/peds.2010-1440