Alimentación y emociones

 

Se ha comprobado que el consumir determinados alimentos puede estar relacionado con depresión y/o desequilibrio emocional.

Una alimentación adecuada es de relevancia a nivel de las funciones cerebrales. El combustible metabólico de preferencia del cerebro es la glucosa, y puede utilizar aminoácidos sólo en pequeñas cantidades. Pero además necesita de otras sustancias para su correcto funcionamiento entre las que se encuentran: Vitaminas: B1, B6, B12, C, folatos, hierro, cobre, y yodo. (1,2).

Actualmente  se ha comprobado la relación existente entre las vitaminas: B6, B9 y B12 (implicadas en el metabolismo de la homocisteína) y la de los ácidos grasos Omega 3 con el desarrollo de trastornos emocionales y síntomas depresivos. (3)

Hay estudios como el publicado en “Nutrition” de febrero de 2008  que relacionan un mayor consumo de folatos con menor prevalencia de síntomas depresivos en hombres no así en mujeres, si bien otros trabajos no han encontrado relación entre la homocisteína y depresión. (4).

Evidencias actuales:

Según el trabajo publicado por en el American Journal of Clinical Nutrition en marzo de 2010 

se halló un  efecto beneficioso de los Omega 3 en pacientes con depresión diagnosticada, aunque no encontraron correlación en individuos sin diagnóstico previo. 


ESTADOS DE ÁNIMO Y LOS HÁBITOS DIETÉTICOS:

Se estudiaron los hábitos dietéticos de 3.486 personas de mediana edad. En él  se identificaron dos patrones: el primero, distinguido por una alimentación balanceada con un alto consumo de alimentos de origen vegetal y pescado; el segundo, caracterizado por un consumo importante de alimentos procesados (postres azucarados, chocolate, carne procesada, fritos, cereales refinados) y lácteos enteros. Luego de 5 años,  los pacientes completaron un cuestionario para poder evaluar los  distintos grados de estado de ánimo. Concluyeron que: un perfil dietético caracterizado por un alto consumo de alimentos procesados supuso un factor de riesgo respecto a síntomas depresivos auto percibido, mientras que el perfil de alimentación integral resultó protector.

Estos resultados se podrían atribuir a los nutrientes que se incorporan en una  alimentación balanceada: rica en antioxidantes (por el consumo de frutas y vegetales), folatos y Omega 3, especialmente cuando el consumo de los mismos se realizan a larga data, por su efecto acumulativo. (5)

Relación entre IMC y dopamina:

Se ha descubierto una relación inversa entre el índice de masa corporal  y el nivel de dopamina. La dopamina es esencial en la regulación de la energía, el humor y enfoque. A mayor IMC en la mujer obesa, menos dopamina, lo que incrementa la probabilidad de depresión.(6)

 

Bibliografía

1)UK Joint Claims initiative of foods standars agency ,diciembre de 2003. 

2) Nutrición y cerebro: Food and Nutrition communication. Nestlé Chile, abril 2007.

 3) Dieta y estabilidad emocional. Eroski consumer. Febrero 2011

4)European Journal of Clinical Nutrition. August 2008.

5) Dietary pattern and depressive symptoms in middle age : British Journal of Psychiatry, Nov 2009 ProHealth.com

by Tasnime Akbaraly, PhD, et al.

6)Wang GJ;Volkow; ND,LoganJ;Pappas NR;Wong CT;Zhu W; Netusil N;FowlerJS.Brain Dopamine and obesity.Lancet, 2001,Feb3;357(9253):35